1 Mayo 2015
El domingo, 26, a las 13,00 horas, un grupo de adolescentes recibieron el sacramento de la Confirmación; Trece provenían de la parroquia vecina de Fátima, y trece de nuestra parroquia de San Juan Evangelista. Presidió la Eucaristía y administró el sacramento de la Confirmación, como Vicario episcopal de la zona centro, D. Alfonso. A lo largo de estos años se han venido preparando para recibir en plenitud el don del Espíritu Santo. Pedimos ya desde ahora que la gracia recibida les ayude a perseverar en el seguimiento de Jesús, a profundizar más en el conocimiento del evangelio y a dar la cara por él.
Estas fueron las palabras que les dirigió el Vicario:
Queridos compañeros sacerdotes, queridos fieles de las parroquias de Fátima y San Juan Evangelista, queridos confirmandos. Bienvenidos todos a esta celebración de la Eucaristía del cuarto domingo de Pascua. Eucaristía en la que vamos la implorar al Espíritu Santo para que inunde con sus dones a estos adolescentes y jóvenes que hoy se confirman.
“”Tú eres mi Dios, te doy gracias, Dios mío, yo te ensalzo”. ¡Qué bonitas estas palabras que acabamos de escuchar en el Salmo 117! Damos gracias a Dios porque hoy vais a recibir un don maravilloso: el Espíritu Santo, la tercera persona de la Trinidad. El descenderá sobre vosotros y habitará en vosotros como en el templo más bello y más precioso.
Digamos a Jesús: Tú eres la PIEDRA ANGULAR sobre la que queremos construir nuestra vida. Como decía San Pedro en los Hechos de los apóstoles: “bajo el cielo no se nos ha dado otro nombre que pueda salvarnos”
¡Qué suerte poder celebrar la confirmación en el domingo del Buen Pastor!
El primer distintivo de Jesús como pastor bueno es que da la vida por sus ovejas: el amor de Jesús a la gente no tiene límites. Ama a los demás más que a sí mismo. Ama a todos con amor de buen pastor que no huye ante el peligro sino que da su vida por salvar al rebaño. Esta es la diferencia con los asalaria-dos. El misterio de la cruz está en el centro del servicio de Jesús como pastor. Se entrega a sí mismo, pero no sólo en un pasado lejano, sino que lo hace cada día en la Eucaristía, se nos da a nosotros. Que vuestra vida, queridos confirmandos y la vida de todos nosotros esté centrada en la EUCARISTÍA del domingo.
El segundo distintivo es el conocimiento que tiene del rebaño. Conoce a sus ovejas y se deja conocer. Nos conoce por nuestro nombre. También en esta celebración, al inicio, Jesús, a través de los catequistas, nos ha llamado por el nombre. Nos ha dicho: ¿Puedo contar contigo? ¿qué le respondemos?Dejémonos llenar por su mirada de amor y misericordia y esforcémonos por conocerle y amarle cada vez más. “Quien dice yo le conozco, y no guarda sus mandamientos, es un mentiroso”.
Y la tercera característica es la voluntad de reunir a todas las ovejas. Jesús nos conoce, nos ama, y quiere introducirnos siempre más en comunión con él. Además nos encarga la misión de ser testigos de la luz. Esa luz que vais a tomar en vuestras manos en la hora de las promesas. Piensa: ¿A quién puedo ayudar a acercarse a Cristo?
Ser testigos de Jesús, dar la cara por Él, es una tarea apasionante.
El Espíritu Santo os comunica su fuerza y energía para dar testimonio de Jesús sin miedo.
La fuerza de la fe para creer siempre en el Señor que salva
La fuerza de la esperanza para confiar siempre en su ayuda y en su bondad para con nosotros,
La fuerza del amor para amar cada vez más al Señor con todo el corazón y en El y por El a los hermanos
La fuerza de la paciencia para saber aceptar nuestras limitaciones con valor y ofrecer nuestros sufrimientos por el bien de los demás.
La fuerza del buen ejemplo para saber dar testimonio a los demás de la bondad y la esperanza.
Acoger el Espíritu de Jesús es hacer el camino de los discípulos de ayer y de siempre: leer y frecuentar la PALABRA de Dios. Celebrar la EUCARISTÍA y los SACRAMENTOS, amar y participar en la vida de la IGLESIA, la comunidad.
A vosotros, padres: dad gracias a Dios por el regalo del Espíritu en vuestros hijos. Acompañad y alentad en la fe al fruto de vuestro amor. La familia es la primera comunidad de fe, iglesia doméstica. Ahí tenéis una gran responsabilidad.
Invoquemos a María, Reina de los Apóstoles, para que bendiga a estos 26 jóvenes que van a recibir el don del Espíritu.